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Foreign Language

It’s All Greek to Me

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The author on top of the acropolis. Photo Credit: Kalee LaPointe

Learning a new language is tough. Well, for me it is at least. I’ve grown up around Spanish since I was born and have even taken 3 years of it in high school and 2 semesters in college, but I’m still not fluent. So, when I was registering for classes for my study abroad semester in Greece, the thought of taking a Greek language course was a daunting idea! The letters, sounds, and just about everything seemed so drastically different than anything I was used to. My quick Google search of “Greek words to know” resulted in a case of confusion and anxiety. However, thanks to a couple of great advisers and exactly 3 credits room left in my schedule, I found myself registered for an Elementary Greek language course for my first seven-weeks in Athens. And let me tell you, I’m so glad I took the course! I learned more than I ever imagined I would (some of which I actually still remember!).

The first few classes were intimidating to say the least. I already had about 10-pages of notes, most of which looked completely foreign to me with letters and symbols I’d vaguely remembered seeing in math equations or anything dealing with fraternities and sororities. We spent what seemed like not long enough going over the alphabet, and trying to pronounce the letters was a catastrophe. The sounds felt and sounded so odd. Although, at one point we all learned how to write and say our names in Greek. Somehow seeing my name portrayed in these different symbols, “Καλη” had me in a state of awe and kept me intrigued.

After only a week, I was amazed at how much of the language I had absorbed. While there were so many aspects that were confusing, daunting, and intimidating about Greek—it was amazing. I was continuously surprised at how I was able to immediately use everything we were learning in class when I was out and about, even just going down the street to eat. I was lucky to have an amazing teacher who actually made learning the language fun and interesting, which just added to the whole experience. I found myself writing and speaking in a beautiful language I once knew little to nothing about, but now found myself surrounded by. The letters on street signs slowly went from foreign to familiar, and I would find myself reading out words from signs as I took the metro. As I walked past people, I  was slowly able to understand a few words here and there. The way it felt to understand something that once seemed just about impossible was simply amazing.

After about 7-weeks of classes, we had a fall break and I was so excited for my mom to come visit. I wanted to show her all around Athens of course, but I also couldn’t wait to show her everything I’d learned. Needless to say, she was definitely surprised. I would say “γεια σας” to people passing by and “ευχαριστώ” after ordering. The look of surprise and admiration on her face was heartwarming. At one point, this older couple came up to me asking for something in Greek and although I couldn’t understand all of what they were saying, I was able to respond to them completely in Greek. I said, “Συγνώμη mιλάω πολύ λίγο ελληνικά”, which means “sorry I speak very little Greek.” Even though what I said wasn’t anything conversational, I was so shocked at how effortlessly it came out!

Although the language course was just a basic, introductory level, I’m so glad I took it. Taking the time to learn Greek is something I will forever be grateful for. Not only is it a beautiful language, but I also feel like it really added to my overall study abroad experience. So many people travel to different countries without making even the slightest effort to understand the people or the culture. I saw this countless times while in Greece: while English is very popular, especially around Athens, so many people just assumed they could solely rely on it to get around. And while yes, that is totally doable, there’s just this overwhelming sense of appreciation and welcoming when you make even the slightest attempt to communicate with people in Greek. It definitely wasn’t easy, and I’m not fluent by any means, but I have such a deeper appreciation and love for Greek now—I still try to use the language whenever I can!

El colonialismo benevolente: la manifestación estadounidense del racismo y el sexismo

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Al final de la guerra hispano-americana en 1898, Cuba finalmente pudo cortar sus lazos con su poder colonial, España. Aunque el país finalmente se había librado de su enemigo duradero, otro estaba intentando lentamente reemplazar ese poder. Los Estados Unidos tenía diversos intereses políticos, sociales, y económicos en la isla; por consecuencia, Cuba se convirtió en la vanguardia de su movimiento imperial. Una de sus estrategias más eficaces para difundir su ideología imperialista fue a través de unas caricaturas en los medios de comunicación que estaban disponibles a la mayoría del pueblo estadounidense. Las caricaturas de los EEUU consistían en una versión humanizada, más conocida como Uncle Sam, mientras que Cuba fue imaginada como seres humanos “impotentes,” como mujeres, niños y personas negras. A través de estas imágenes, los Estados Unidos construyó una falsa imagen de Cuba como débil e impotente, lo cual impulsó su agenda imperialista.

Con el fin de comprender mejor los objetivos de EEUU, es importante comprender la táctica imperialista del colonialismo benevolente y cómo se utilizó para justificar a la intervención en la isla. El colonialismo benevolente es el fenómeno en el que los agentes coloniales (como los EEUU) crean un imaginario que los retrata como los salvadores o las guías paternas de una región colonizada (como Cuba). Durante los primeros años de separación de Cuba de España, muchos periódicos crearon caricaturas racializadas y feminizadas de la isla al representar a Cuba como una mujer blanca, un niño asistido por Uncle Sam, o un niño pendenciero de piel oscura. En su libro Close Encounters of Empire: Writing the Cultural History of U.S. – Latin American Relations, Eileen Findley explica que la ideología del cuidador benevolente retratada por Uncle Sam es la encarnación de un “regalo a los colonizados.” La combinación de este “regalo a los colonizados” y las caricaturas demuestra la visión racista y sexista de la isla subyacente a la agenda imperialista de los EEUU. El complejo salvador de este país también es criticado en el libro de Carmen Alfonso 100 preguntas y respuestas sobre Cuba cuando escribe,

“Su esencia en las pretensiones del poderoso país del norte en imponer a la isla sus concepciones hegemónicas desconociendo su derecho a la independencia y soberanía, y establecer el sistema económico, político y social que considere más conveniente para su pueblo.”

Así que, el pueblo de Cuba reconoció el próximo peligro de los Estados Unidos y la amenaza para su movimiento de independencia.

La representación de Cuba como mujer o niño perpetúa la idea de que la isla era demasiado femenina o infantil para guiarse, lo que permitió a los Estados Unidos racionalizar su intervención en la isla. La caricatura de Uncle Sam añade a esta opresiva ideología porque se supone que él es el epítome de la paternidad, la protección y la fuerza. A menudo, Uncle Sam abrazaba a Cuba (como mujer) mientras lloraba o aguantaba la mano de Cuba (como niño). Sus rasgos musculares, o lo que los expertos llaman su representación “mesomórfica,” contribuyen a este áspero sentido de masculinidad y paternidad. Estas representaciones construyen la idea del salvador benevolente, lo que refuerza la noción de que Cuba es incapaz de gobernarse adecuadamente a sí misma. Además, los cubanos eran vistos como racialmente inferiores a los ciudadanos de los Estados Unidos (proporcionando otra justificación para el poder imperialista), por lo que también fueron retratados como niños negros. La representación de Cuba como niño negro transmite la noción de incontrolabilidad, que está arraigada en estereotipos coloniales de afrodescendientes. Esta propaganda es exacerbada por la imagen supremacista blanca de Uncle Sam, lo cual también se basa en antiguas percepciones de la superioridad racial. Por lo tanto, los EEUU utilizaba nociones preconcebidas de identidades marginadas para promover su colonialismo benevolente.

El colonialismo benevolente fue un medio para justificar la intervención estadounidense en Cuba y otros territorios potenciales. Al crear la imagen del salvador paternalista, Cuba fue entonces percibida como una isla de brutos y débiles que no eran ni suficientemente sofisticados ni civilizados para dirigir su propio país. Las caricaturas utilizadas en los medios de comunicación durante este período de tiempo ayudaron a la meta del control estadounidense de la isla a través de representaciones sexistas y racistas de la isla personificada. Aunque las caricaturas de los periódicos no son tan influyentes como fueron una vez durante los primeros años del siglo XX, la táctica imperialista del colonialismo benevolente todavía sigue plagando a la política exterior estadounidense en la actualidad. Ya se trate de la guerra en Oriente Medio o de la intervención política en América latina, varios países todavía no son considerados capaces por los Estados Unidos de gobernarse a sí mismos. Hay una necesidad de seguir criticando la política exterior de los Estados Unidos y cómo el país continúa promoviendo sus propias agendas políticas y económicas en el mundo.

ELIEZER CARTAGENA

 

Featured Image: Google Images

 

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