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El colonialismo benevolente: la manifestación estadounidense del racismo y el sexismo

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Al final de la guerra hispano-americana en 1898, Cuba finalmente pudo cortar sus lazos con su poder colonial, España. Aunque el país finalmente se había librado de su enemigo duradero, otro estaba intentando lentamente reemplazar ese poder. Los Estados Unidos tenía diversos intereses políticos, sociales, y económicos en la isla; por consecuencia, Cuba se convirtió en la vanguardia de su movimiento imperial. Una de sus estrategias más eficaces para difundir su ideología imperialista fue a través de unas caricaturas en los medios de comunicación que estaban disponibles a la mayoría del pueblo estadounidense. Las caricaturas de los EEUU consistían en una versión humanizada, más conocida como Uncle Sam, mientras que Cuba fue imaginada como seres humanos “impotentes,” como mujeres, niños y personas negras. A través de estas imágenes, los Estados Unidos construyó una falsa imagen de Cuba como débil e impotente, lo cual impulsó su agenda imperialista.

Con el fin de comprender mejor los objetivos de EEUU, es importante comprender la táctica imperialista del colonialismo benevolente y cómo se utilizó para justificar a la intervención en la isla. El colonialismo benevolente es el fenómeno en el que los agentes coloniales (como los EEUU) crean un imaginario que los retrata como los salvadores o las guías paternas de una región colonizada (como Cuba). Durante los primeros años de separación de Cuba de España, muchos periódicos crearon caricaturas racializadas y feminizadas de la isla al representar a Cuba como una mujer blanca, un niño asistido por Uncle Sam, o un niño pendenciero de piel oscura. En su libro Close Encounters of Empire: Writing the Cultural History of U.S. – Latin American Relations, Eileen Findley explica que la ideología del cuidador benevolente retratada por Uncle Sam es la encarnación de un “regalo a los colonizados.” La combinación de este “regalo a los colonizados” y las caricaturas demuestra la visión racista y sexista de la isla subyacente a la agenda imperialista de los EEUU. El complejo salvador de este país también es criticado en el libro de Carmen Alfonso 100 preguntas y respuestas sobre Cuba cuando escribe,

“Su esencia en las pretensiones del poderoso país del norte en imponer a la isla sus concepciones hegemónicas desconociendo su derecho a la independencia y soberanía, y establecer el sistema económico, político y social que considere más conveniente para su pueblo.”

Así que, el pueblo de Cuba reconoció el próximo peligro de los Estados Unidos y la amenaza para su movimiento de independencia.

La representación de Cuba como mujer o niño perpetúa la idea de que la isla era demasiado femenina o infantil para guiarse, lo que permitió a los Estados Unidos racionalizar su intervención en la isla. La caricatura de Uncle Sam añade a esta opresiva ideología porque se supone que él es el epítome de la paternidad, la protección y la fuerza. A menudo, Uncle Sam abrazaba a Cuba (como mujer) mientras lloraba o aguantaba la mano de Cuba (como niño). Sus rasgos musculares, o lo que los expertos llaman su representación “mesomórfica,” contribuyen a este áspero sentido de masculinidad y paternidad. Estas representaciones construyen la idea del salvador benevolente, lo que refuerza la noción de que Cuba es incapaz de gobernarse adecuadamente a sí misma. Además, los cubanos eran vistos como racialmente inferiores a los ciudadanos de los Estados Unidos (proporcionando otra justificación para el poder imperialista), por lo que también fueron retratados como niños negros. La representación de Cuba como niño negro transmite la noción de incontrolabilidad, que está arraigada en estereotipos coloniales de afrodescendientes. Esta propaganda es exacerbada por la imagen supremacista blanca de Uncle Sam, lo cual también se basa en antiguas percepciones de la superioridad racial. Por lo tanto, los EEUU utilizaba nociones preconcebidas de identidades marginadas para promover su colonialismo benevolente.

El colonialismo benevolente fue un medio para justificar la intervención estadounidense en Cuba y otros territorios potenciales. Al crear la imagen del salvador paternalista, Cuba fue entonces percibida como una isla de brutos y débiles que no eran ni suficientemente sofisticados ni civilizados para dirigir su propio país. Las caricaturas utilizadas en los medios de comunicación durante este período de tiempo ayudaron a la meta del control estadounidense de la isla a través de representaciones sexistas y racistas de la isla personificada. Aunque las caricaturas de los periódicos no son tan influyentes como fueron una vez durante los primeros años del siglo XX, la táctica imperialista del colonialismo benevolente todavía sigue plagando a la política exterior estadounidense en la actualidad. Ya se trate de la guerra en Oriente Medio o de la intervención política en América latina, varios países todavía no son considerados capaces por los Estados Unidos de gobernarse a sí mismos. Hay una necesidad de seguir criticando la política exterior de los Estados Unidos y cómo el país continúa promoviendo sus propias agendas políticas y económicas en el mundo.

ELIEZER CARTAGENA

 

Featured Image: Google Images

 

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